Fran Rosa

22 Diciembre 2015

Orgullo

Gente corriente: Vivir contra la norma

English: Common People: Living Against The Norm

En este artículo usaré el término gente corriente para referirme a la gente que son tanto heterosexuales como cisgénero.

Cisgénero: no trans*, gente que está de acuerdo con el paradigma de género binario hombre/mujer y sin discrepancia con el género que les fue asignado al nacer.

¿Seguro que quieres vivir como la gente corriente?
¿Quieres ver lo que la gente corriente ve?
¿Quieres dormir con gente corriente?
¿Quieres dormir con gente corriente como yo?

‹Common People› de Pulp

La gente corriente suele pensar que recibir una mirada extraña cuando haces un comentario sobre el culo de una persona de tu mismo sexo frente a tus amigos, seguida de una risa forzada, es el primer momento incómodo que vivimos los que no somos gente corriente. Así que es frecuente que crean que no hay ningún conflicto antes de salir del armario, como si tener la charla con nuestros padres o amigos fuese el primer obstáculo en nuestro camino.

Uno de los principales obstáculos a que nos enfrentamos es no ser considerados normales, y no sólo por otros. Porque normal es un concepto muy potente de consideración social, pero también en los cimientos de nuestra manera de entender el mundo.

En el mejor de los casos, sabemos que existen otras opciones más allá de ser gente corriente, aunque sólo sea para criminalizarlas. Pero podemos no saber que existen. En ese caso, puede que no necesitamos adentrarnos más allá de los muros y vivamos una vida feliz en la comodidad de nuestra ignorancia. Pero fuera de los muros todo es incierto y asusta.

Empezar a percibir que hay algo diferente en nosotros es también el inicio del autorechazo. Queremos ser normales. LGBTIfobia interiorizada (sea homofobia, transfobia, bifobia…) no es sólo el primero sino también uno de los más grandes obstáculos que debemos superar. Y ocurre a un nivel que hace que difícilmente lo compartiremos con nadie más. Porque cuando finalmente salimos del armario es que ya hemos conseguido entendernos.

No es fácil no ser gente corriente, pero si no tienes idea alguna puede ser un camino largo y difícil de autodescubrimiento antes de ser capaces de articular qué nos ocurre, de empezar a entenderlo.

Y más allá de la identidad, nuestra noción de lo que es normal forma parte de nuestra educación y se extiende a todos los aspectos de nuestra mente. La gente corriente no sólo se siente atraída por determinada gente, tiene un aspecto o se comporta de una manera determinada. ¿Cómo podemos saber qué significa ser una buena persona cuando tenemos que romper los cimientos de nuestro sistema de valores para entendernos y sobrevivir? ¿Tenemos que reevaluar nuestra carrera profesional o elecciones vitales? ¿Deberíamos releer todos los libros de nuestra educación ahora que pisamos terreno virgen?

Reconstruimos nuestra manera de entender el mundo basándonos en ese conflicto interno. Y no sólo nosotros, cualquier persona que viva fuera de los muros de su entendimiento previo del mundo expande sus horizontes y por tanto eso le lleva a replantearse otros aspectos de cómo percibe el mundo.

Puede parecer que habiendo roto lo que significa normal necesariamente nos hace más proclives a enfrentarnos a nuevos problemas morales con una nueva mirada. Es una creencia creciente dentro del colectivo LGBTI que hay que combatir la heteronormatividad en su conjunto, y la propagación de ideas preconcebidas en nuestra educación (y la de futuras generaciones). Y hay en el colectivo un mayor interés en conceptos como las relaciones abiertas, el poliamor o la anarquía relacional que entre la gente corriente.

Algunos piensan incluso que para oponernos a la heteronormatividad deberíamos rechazar todos los comportamientos socialmente aceptados y crear una nueva norma. Es comprensible que aquellos que han tenido que batallar en cada aspecto de sus vidas sociales sientan la necesidad de combatir la heteronormatividad. Pero intentar imponer la idea que aceptar cualquiera de las reglas que forman parte de la heteronormatividad independientemente de nuestra experiencia supone rendirse a la heteronormatividad o ser incapaz de evolucionar es un trago amargo. Poner a prueba nuestras creencias para adquirir perspectiva y tomar mejores decisiones informadas ya es suficientemente duro como para forzarnos a abandonar cualquier regla en nuestro manual para dar un paso adelante.

Hacer pequeños cambios paso a paso es una estrategia menos traumática, aunque puede ser insuficiente para cambiar nada. Lo cierto es que muchos de nosotros, incluso después de haber salido del armario seguimos conservando la mayor parte de nuestro sistema de valores, a veces incluso aferrándonos a él con más fuerza. Porque existe la homonormatividad, que es la idea de abrazar los valores heteronormativos dentro del colectivo. Así podemos encontrar hombres gay que son rechazados precisamente por parecer gay, y no como un posicionamiento político respecto a la visibilidad, sino como una perpetuación de la idea que un hombre debe ser y comportarse de una manera determinada. Algunos de nosotros emprendemos un largo camino para acabar casi en el mismo punto.

Y si podemos encontrar ese ejemplo en el colectivo gay, la parte más fuerte del colectivo LGBTI, es fácil imaginar lo duro que puede ser para quienes no somos monosexuales (que se sienten atraídos únicamente por gente de un género) y cisgénero.

Yo me considero afortunado por haberme enfrentado a la crisis de identidad sexual más tarde en la vida, con lo que entonces estaba menos confundido y era menos vulnerable. Pero recientemente he vivido un conflicto respecto a esas otras concepciones de las relaciones y no es fácil. Pero es necesario y una experiencia muy gratificante ponerse a prueba uno mismo para desechar viejas ideas, reforzar otras y llegar a conocerse mejor.