Fran Rosa

13 Julio 2016

Orgullo

Exclusividad sexual: No hay premio

English: Sexual Exclusivity: There Is No Prize

Ser sexualmente exclusiva/o con quien se tiene una relación es una de las reglas que casi todas las personas dan por supuestas cuando empiezan una. Y es, a su vez, una de las principales causas de mentiras y desconfianza.

A la exclusividad sexual se la suele llamar erróneamente fidelidad, porque se da por supuesto que cualquier encuentro sexual fuera de la relación es una traición hecha a espaldas de los demás. Pero la fidelidad es, principalmente, honestidad y sinceridad; en primer lugar con uno/a mismo/a, pero por supuesto también con quien se tiene una relación. Aunque a algunas personas les pueda parecer chocante, uno puede comentarle a su pareja que tiene una cita con otra persona, o que ha conocido a alguien que le ha propuesto ir a su casa a follar como salvajes. Y la respuesta puede ser ‹pásalo bien›.

Aunque el paradigma de lo que es una relación ha cambiado mucho — porque ni necesariamente tener una relación supone casarse, ni casarse supone obligatoriamente adquirir una posición social o formar una familia — aún solemos dejarnos llevar por la idea que conoceremos a alguien a quien nos uniremos para siempre. Y eso entraña complejas asunciones y juegos malabares con la verdad, como no hacer nunca mención a ninguna relación anterior para crear la ilusión que eres es la única persona en su vida..

Es algo que, por lo visto, a mucha gente le cuesta aceptar. Que la vida sexual de nuestra pareja no empieza y termina con nosotros. Y no hablo solamente del historial de parejas sexuales. La dimensión sexual de una persona va mucho más allá de la penetración y esta es una de las cuestiones que generan conflicto, porque incluso en una relación en que se acepta expresamente la exclusividad sexual, todos nos basamos en nuestras propias ideas preconcebidas sobre qué supone exclusividad sexual y qué no, y no lo hablamos.

¿Significa la exclusividad sexual únicamente no penetrar o dejarse penetrar por otra persona? ¿Incluye eso el sexo oral o la masturbación? ¿Entran dentro de la exclusividad sexual los besos? ¿Y las caricias? ¿Y el flirteo? ¿Está más allá del límite vestirse de manera provocativa cuando no estamos con nuestra pareja? ¿Y mirar, desear o fantasear con otra persona?

Todos esos ejemplos son partes de nuestra dimensión sexual, algunos muy ligados al sexo físico, otros relacionados con nuestra dimensión social, y algunos parte de nuestros pensamientos. Los límites no existen, y forma todo parte del aspecto sexual de nuestra vida, y no podemos renunciar completamente a ello por perseguir un ideal romántico inalcanzable. Porque es entonces cuando nuestra parte sexual queda reprimida y se manifiesta con más fuerza en momentos de excitación.

Una/o procura no mirar a nadie, no desear a nadie, y ese día en que la persona con quien tenemos una relación está lejos, salimos con un grupo de amigos y amigas, y bebemos y nos desinhibimos. Y conocemos a alguien que dispara como un resorte nuestro deseo, y toda esa energía sexual reprimida, toda la necesidad de sentirnos deseadas/os nos impulsa a dejarnos llevar sean cuales sean las consecuencias.

O nos hacemos trampas. Estamos saliendo con alguien, pero al mismo tiempo hay otra persona a la que conocimos antes y con quien todavía salimos alguna vez. ¿Hasta qué punto podemos seguir deseando a ambas? ¿Hasta qué punto podemos follar con ambas? Modificando contínuamente las reglas no escritas para contarnos un relato en el que formamos un todo con nuestra pareja, la mejor pareja, la única, la que amaremos eternamente.

También muchas parejas abiertas, no sexualmente exclusivas, sufren de esa necesidad de negación, usando el silencio. Cada miembro de la relación tiene carta blanca para tener encuentros sexuales con otras personas, siempre y cuando luego no cuente que lo ha pasado bien, que lo ha disfrutado, que ha experimentado cosas nuevas.

Y aunque he utilizado indistintamente los términos de relación y pareja, obviamente eso aplica a las relaciones que incluyen a más de dos. Tanto las inseguridades y el juego de medias verdades que implica no hablar las cosas abiertamente, como suponer y fingir que más allá de los miembros de la relación, no existe nada.

Todo ésto tiene origen, desde mi punto de vista, más en inseguridad propia, que en el egoísmo. No es que no quiera que nuestra pareja pueda disponer de su cuerpo y su tiempo para desarrollar, vivir y experimentar su dimensión sexual cuando no esté conmigo, es que tengo miedo que lo pase bien sin mi, que descubra cosas nuevas que le gusten más, que tenga un sexo mejor que el que tiene conmigo, que se excite más, que se corra más; que no me necesite para estar satisfecha/o en todos los aspectos.

Y esperamos que el sacrificio de negar nuestra propia sexualidad más allá de la relación traiga como premio que eso no ocurra. Pero la exclusividad sexual no tiene premio. Por eso creo que es mejor no tenerla, aunque decidas no extender tu sexualidad más allá de la pareja, porque así en todo caso trabajaréis vuestra inseguridad por un lado, y seréis libres de vivir vuestra vida sexual plenamente, estableciendo vuestras propias reglas y límites, por otro.